La Selección Argentina llega al Mundial de Estados Unidos, México y Canadá como campeona vigente y con Lionel Messi todavía a la cabeza. No se puede negar que la competitividad del equipo construida en los últimos años es real, pero debajo de ella hay señales de preocupación que merecen ser analizadas con honestidad. Tim Vickery, reconocido periodista deportivo inglés, las aborda en un reciente análisis en profundidad de las selecciones que participan en el torneo.
De los 26 convocados, 17 son los mismos que levantaron la Copa del Mundo hace tres años y medio. En realidad son 19 si se cuentan Lo Celso y Nicolás González, que se lesionaron antes de que arranque Qatar pero eran parte esencial de aquel equipo. El recambio se redujo prácticamente a los suplentes. La continuidad es tal que incluso Ángel Di María podría estar si él lo quisiera, siendo la única razón por la que no simplemente porque él mismo mantiene su decisión de retiro. Lejos de ser un dato menor, esto expone uno de los problemas actuales del equipo, pues Scaloni nunca encontró un reemplazo fijo para Di María, figura decisiva en todas las finales ganadas hasta el momento.
Esa falta de renovación convive con un clima que algunos en X comparan con el "Club de Amigos" de Rusia 2018, esa selección “tomada” por los jugadores que prioriza lo relacional por sobre lo competitivo y que quedó eliminada en octavos de final. La diferencia, claro, es que el equipo actual ganó todo lo que se propuso. Pero la magia tiene fecha de vencimiento, y las señales son difíciles de ignorar.
Messi sigue siendo Messi, eso es verdad y su lugar en el plantel es indiscutible. Pero a su edad no va a cubrir el campo como antes y eso significa que alguien va a tener que hacerlo por él. Ese rol, cómo en 2022, recae principalmente sobre Julián Álvarez, que llega al Mundial luego de una temporada larga y exigente. La pregunta es cuánta energía le queda, y si puede sostener el esfuerzo de correr por dos durante la mayoría de los partidos. Su estado físico no es un detalle menor porque también llega un poco tocado al torneo.
A eso se suma el debate sobre los últimos años de Messi en la MLS, una liga de nivel notoriamente inferior al europeo. Las contribuciones y los títulos son innegables, pero la duda es cómo responderá cuando toque enfrentar a las grandes potencias del fútbol mundial, especialmente a las europeas.
El punto más débil, sin embargo, es la defensa. En Qatar se desmoronó en los momentos más críticos. Australia, Países Bajos y Francia estuvieron cerca de eliminar a Argentina, y solo la actuación histórica del “Dibu” Martínez y la personalidad especial del equipo evitaron el desastre. Scaloni probó variantes en estos años y ninguna terminó de convencerlo. La estructura defensiva es casi idéntica a la de Qatar, con casi cuatro años más encima. Nicolás Otamendi es el caso más preocupante. Cometió penales decisivos contra Francia tanto en 2018 como en 2022, y su presencia sigue siendo una riesgo latente. El agravante es que en este período no hubo demasiados rivales que pusieran a prueba a la Selección, lo que hace difícil estimar hasta dónde llega la solidez real del equipo.
El panorama se complica aún más con una crisis de lesiones que afecta a seis jugadores clave: el propio Dibu Martínez con un dedo roto, Cristian Romero con una lesión en la rodilla, Nicolás Paz, Messi, Nicolás González, Julián Álvarez y Leandro Paredes. Los próximos días serán determinantes, pero la especulación sobre su disponibilidad ya genera incertidumbre en el armado del equipo.
Nada de esto significa que Argentina no sea un equipo peligroso. Eso no se cuestiona. Pero mirando a selecciones como España, Francia y Portugal que llegan al Mundial con planteles más jóvenes, y profundos, surgen dudas naturales. Cómo suele ser en el fútbol, la diferencia estará en los detalles y un poco de suerte.

