Tras meses de silencio y falta de información concreta, el Jefe de Gabinete Manuel Adorni finalmente salió a dar "explicaciones" después de que se destapara el escándalo de los viajes de su mujer, Bettina Angeletti, las múltiples propiedades y las renovaciones millonarias. Basta con ver los primeros cinco minutos de su descargo para sentir indignación y entender que está tratando al pueblo argentino de estúpidos.
En primer lugar, el periodista Hugo Alconada Mon señaló que la declaración jurada del funcionario deja más dudas que certezas. Los ajustes retroactivos que Adorni incorporó a sus documentos patrimoniales anteriores, sean ahorros, créditos o deudas, son numerosos y se extienden a lo largo de múltiples años. Y esto es apenas la parte pública, porque dado su cargo también existe una parte correspondiente a su esposa que solo puede ser vista por un juez. Esto es el "anexo reservado" y la gran pregunta también es qué hay oculto allí dentro.
La gran novedad de la nueva declaración son los 400 millones de pesos que aparecen como "venta de activos" en criptomonedas. Esta solución que presenta el funcionario abre un abanico de inconsistencias. En primer lugar, a pesar de que Adorni afirmó lo contrario, falta documentación respaldatoria. Es decir, no hay todavía disponible una trazabilidad concreta con los códigos específicos ni el detalle de los movimientos. Lo único que mostró fueron capturas de pantalla que no prueban absolutamente nada.
Por otro lado, el ex vocero presidencial mencionó una herencia de aproximadamente 200.000 dólares recibida tras la muerte de su padre. Luego de una investigación por parte del periodista, se demostró que no existe ninguna documentación que respalde la existencia de ese ingreso. Convenientemente, Adorni sostiene que encontró ese dinero junto a su hermano en el departamento de su difunto padre, en efectivo. El mismo departamento que, según él mismo, estaba "detonado" y le llevó años ordenar. Hay una inconsistencia evidente entre el estado paupérrimo de ese inmueble y la abultada cantidad de dinero que su padre, y luego él, tenían disponible para arreglarlo. Más aún, ese departamento estuvo años hipotecado debido a la situación económica de la familia.
Volviendo a las inversiones en criptomonedas, en un primer momento Adorni dijo haber invertido en 2011, luego en 2013 y finalmente en 2014. De cualquier forma, afirma haber vendido activos hasta 2018. Más allá de las fluctuaciones en la cotización, vender en ese período debería haber arrojado una ganancia muy superior a los 300.000 dólares que él declara, con especialistas reportando que las ganancias de ese caso hipotético podrían haber superado el millón de dólares. Los detalles no están disponibles y tampoco se explica por qué dejó de invertir en 2018 si hasta ese momento le había ido tan bien.
A esto se suma una inconsistencia que circula hace días en redes sociales. En una entrevista de 2022 Adorni afirma que no le interesaba el mundo de las criptomonedas, que era "cosa de jóvenes" y que él apostaba al dólar. Según sus declaraciones recientes, en ese momento ya había ganado cientos de miles de dólares con bitcoin. "Prefiero que estas aguas se calmen antes de nadar en el mundo cripto", llegó a decir. Hay algo que sencillamente no cuadra.
Pero la discrepancia esencial es otra. Si Adorni tuvo ese dinero disponible durante años, ¿por qué recién decidió usarlo en el período posterior a asumir como funcionario del gobierno de turno? Y si efectivamente contaba con los fondos que afirma haber tenido, no se entiende la necesidad de pedir préstamos y endeudarse para adquirir la propiedad de Caballito.
Por otro lado, Adorni ingresó recientemente al Régimen de Ganancias Simplificadas de la Ley de Inocencia Fiscal, que establece que las propiedades adquiridas con dinero no declarado quedan bajo un "tapón fiscal", es decir, fiscalmente resguardadas. Sin embargo, esto si lo deja penalmente vulnerable, que es la próxima fase del proceso judicial que atraviesa Manuel Adorni.
A pesar de todo esto la respuesta de los medios y del espectro político ha sido dudar profundamente de los dibujos de Adorni, incluso entre quienes son afines ideológicamente o mantienen una línea editorial similar. Si hay alguna certeza, es que el castillo de naipes que construyó el funcionario ya está tambaleando, y no parece que el viento vaya a aflojar. Es meramente una cuestión de tiempo.




